6/11/2010

Relato de un náufrago* por Marcelo R. González

Historia real vivida por Marcelo R. González, autor del blog Toda Vela, cuando fue uno de los protagonistas de un naufragio, pero por suerte ha podido contarlo y ha querido compartirlo con todos los lectores de este y de otros blogs.

Hola amigos,

Utilizo el título del libro de García Marquez "Relato de un Náufrago", para contarles mi relato, de la conmocionante experiencia por la que acabo de pasar.

Si hace unos años colaboraba en el rescate del trimarán "Groupama" de Franck Cammas o también de los jovenes regatistas de minitransat que tuvieron problemas en cercanias de La Palma, hoy me tocó a mi ser el rescatado.

Este es un pequeño relato de lo sucedido:

El barco a la deriva visto desde el helicóptero de rescate.

Luego de una recalada en Porto Santo (Isla Madeira) nos dirigiamos en un velero Bavaria 32 con otros dos amigos hacia el Estrecho de Gibraltar.

La primera parte de la navegación desde Canarias habia sido muy buena y la idea de recalar en Porto Santo era de reponer un poco de energias y verificar la meteorología para los cinco días siguientes que nos restaban para llegar a la zona del estrecho.

Me sentía feliz en ese momento, estaba realizando un lindo viaje, mientras uno de mis hijos disputaba el Campeonato de Canarias del Laser y el otro navegando en Optimist, en fin... "una familia de navegantes", pensé con orgullo.

Para el primer día, el pronostico daba vientos del WSW intensidad 15-18 nudos y ALTURA DE OLA-4-5 MTS. Una situación meteorologia ideal, es decir, viento favorable y altura de ola "soportable" para los que navegamos por esta zona. Los días subsiguientes se mantenia del WSW y finalmente el viento rotaba un poco al Norte, 20 nudos. Seguia bueno. El viento nos llevaría sin problemas en rumbo directo hacia el estrecho...el viaje perfecto, pensamos todos...

Pero algo iba a fallar en la prevision y en el medio del fallo, ibamos a estar nosotros en un pequeño barco de 30 pies.

A las 36 horas de haber partido, el viento que tenia que ser de 18 nudos era de 40nudos y las olas que tenian que ser de 4 metros, eran de 10. Facil decirlo pero difícil vivirlo.

Por el atardecer del día previo al rescate, ya ibamos "aguantando" con dos manos de rizos y un pequeño paño en proa. Las olas, eran verdaderas montañas que en mis 35 años de experiancia en la vela, no habia visto jamas. Ni siquiera en el Atlantico Sur, ni en el Golfo de Vizcaya ni en ninguna de las miles de millas que tengo en mis espaldas.

Habiamos decidido bajar toda la vela mayor y mantener sólo con un pequeño paño en proa, pero para no correr riesgos esperariamos que amaneciera, y así lo hicimos. La velocidad del barco habia bajado, y todo era más controlable...Pero momentos después una verdadera "ola asesina" nos dió de lleno. 5 segundos antes de la ola, el barco se paró en seco, como si chocaramos contra una pared e inmediatamente después, "la ola asesina" nos dió de lleno. Yo iba al timon, pues ya el piloto automático no podia responder a los embates de las olas y sentí como si Mike Tyson me diera un golpe en la espalda. El barco escoró hasta poner su mástil en la mar, inundando el interior. Fernando, el amigo que iba en la litera del salón "aguantando", salió fuera como si hubiese visto al mismísimo demonio cuando la ola inundo a la cabina.

En un segundo todo era un desastre, sin energia, el barco con agua en su interior en fin, no se cuanto más.

Pensé que el fin habia llegado.

Una vez "controlados emocionalmente", llamamos por satelite a salvamento marítimo, informando de nuestra situación, para que estuviesen alertas.

La información que nos daban no era alentadora, el viento comenzaria a arreciar en las proximas horas, y a medida que nos acercacemos a la costa (estabamos a 300 millas de la boca del Estrecho de Gibraltar) las olas no sólo serian enormes sino que empezarian a romper, dado que la plataforma continental haria de catapulta de estas olas.

Jorge, el armador del barco tomó la decisión que nunca jamás en mi vida pensé que me iba a pasar: ABANDONAR UN BARCO EN ALTAMAR.

Se activó la radiobaliza y no pasó más de un minuto en que recibimos la llamada al teléfono satelital consultándonos si deseabamos una evacuacion o un rescate. "EVACUACION" le indicó a viva voz el armador. Entonces el operador nos informó que saldria un avion que reconoceria nuestra posicion y trataria de ubicar los buques mercantes en la zona.

Una vez llegado el avión a nuestra zona, nos informaban que debiamos aprovechar una pequeña ventana de relativa calma, para el momento de rescate, pues más tarde, el frente de tormenta se renovaria aún con más fuerza y comenzaria a arreciar. Era ahora o nunca.
Uno de los barcos que en principio respondió al pedido de rescate, un carguero de 170 metros de eslora, informaba un rato después que habia tenido un corrimiento en su carga debido a la altura de las olas, que le era imposible asistirnos.

Sólo quedaba una sola opción para salvar nuestras vidas: un helicoptero de la armada portuguesa con base en el aeropuerto de Faro (Portugal). Esto quedaba a dos horas de nuestra posicion y -según nos informaban del avión que hacia de enlace- sólo tendria 10 minutos para nuestro rescate, pues la posicion era al limite de su autonomia de combustible.
En ese momento, yo pensaba si era una pelicula que estaba viendo. Que no era yo el que estaba ahí, que me despertaria de esta pesadilla.

Luego de un tiempo de incertidumbre, la comandante del avión SASEMAR 130, nos indicaba que en 25 minutos, el helicoptero (el más grandede la armada portuguesa) estaria sobre nosotros y que para ese momento debiamos abandonar el barco y ESTAR ABORDO DE LA BALSA SALVAVIDAS y llevar la radiobaliza por si se cortaba la boza y quedabamos a merced del mar en la noche. Decir esto es facil, pero vivirlo...

El primero en saltar a la balsa fue Fernando, luego yo y luego Jorge.

Maniobra de rescate de los náufragos.

Yo llevaba la radiobaliza, atada a mi arnes con el cabo que traen y en una maniobra que aun no entiendo como paso, este cabo quedó enredado en el guardamancebo del barco, haciendo tanta presión que me caeria al mar. "JORGE, CORTA-CORTA EL CABO POR FAVOR!!!!" le repetí a los gritos. Jorge con la navaja que tenia preparada, logro cortarlo y yo pude mantenerme en la balsa. De haber caido al mar, no se que seria de mi.

Ver el velero desde la balsa es una imagen que jamas olvidaré.

Para ese momento, el helicoptero estaba sobre nosotros. El ruido era infernal y el mar parecia que hervia con el viento provocado por las aspas. El primero en subir seria yo pues tenia un tremendo golpe en la espalda, luego Fernando y Jorge al Final.

Cuando vi bajar al rescatador del helicoptero, es otra imagen que jamas olvidaré, cayo al mar y nadó hasta la balsa. Era impresionante ver como el helicoptero se mantenia en su posicion con el viento que habia. El rescatista subio a la balsa, y nos indicó que debiamos hacer.

Me puse el arnes del cable que nos subiria abordo del helicoptero, cerré mis ojos, me encomendé a Dios y sentí como en primer momento nos sumergimos en el mar cuando pasó justo una ola. No volví a abrir los ojos hasta que no estuve adentro del helicoptero. Y así hicieron con los demás.

Una vez a salvo, fueron dos horas de vuelo hasta la ciudad de Faro, al sur de Portugal donde nos esperaban dos ambulancias que nos llevarian hasta el hospital de Faro, pues estabamos todos con hipotermia y con golpes en el cuerpo y conmocionados por la situación vivida. En el hospital habia parte de las 500 personas que habian tenido que rescatar de sus casas de las costas de Portugal, según daba la informacion los medios.

Con todos a salvo, imagen de que todo ha salido bien.

Estaré agradecido para toda mi vida, de los pilotos y rescatistas del helicoptero de la armada portuguesa (no sé sus nombres), a los medicos y asistencia social del Hosiptal de Faro y a Salvamento Maritimo de España por la coordinacion del SAR y en especial a la comandante del avión SASEMAR 130, que nos contuvo en los momentos de extrema tensión.

Un abrazo,

Marcelo R. González

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