19 de feb. de 2012

Algo falla en el sistema

Las recientes y siempre controvertidas elecciones a la Federación Española de Fútbol son un claro ejemplo de lo que, en mi humilde opinión como observador de la sociedad, no debería pasar ni ser. Por h o por b, la polémica siempre rodea la mayoría de las elecciones a presidentes federativos y es que visto lo visto, los que están dentro habitualmente no quieren soltar el pastel ni que les maten. Son auténticos profesionales y dinosaurios del deporte, al que tienen como modus vivendi.

Curioso el caso de Ángel María Villar, que después de adelantar por segunda vez las elecciones a antes de los Juegos Olímpicos, cuando teóricamente por ley debería celebrarlas después, eso sí, con el beneplácito del CSD saliente y del entrante. Cuando acabe la legislatura que ahora inicia Villar llevará la friolera de 28 años en el cargo, tendrá 66 en 2016, y no descarten que quiera seguir hasta ser septuagenario. Este premeditado adelanto electoral ha sido denunciado ante los tribunales de justicia ordinarios, porque visto lo visto y por lo que dice la experiencia, los tribunales deportivos no hacen más que proteger al que está en el poder.

Lo mismo podríamos decir de la federaciones de automovilismo y atletismo, por poner dos ejemplos de toda una vida aferrados al cargo, con Carlos Gracia y José María Odraizola, el primero lleva desde 1984 y el segundo desde 1989.

En este caso el conocido como 'Decreto Anti-Porta', por el que se cargaron a Pablo Porta tras llevar tres legislaturas y que se derogó en 1996, permitió que nuevamente los presidentes y sino sus delfines, se acaben eternizando en el cargo.

En la Federación Española de Vela la Asamblea limitó los mandatos a dos por expreso deseo de Gerardo Pombo, pero curiosamente él mismo decidió seguir un tercero sin más reparo argumentando que el primero no contaba. Al final de esta llevará doce años en el cargo de forma consecutiva, que no está nada mal. En todo este tiempo tuvo dos intentos de alternativa, con Rafa Munilla, que luego se incorporó a su equipo directivo y el frustrado de Manolo Nadal. Toda denuncia o reclamación sobre irregularidades en el proceso por parte de ambas fueron omitidas.

Ahora se empieza real y teóricamente de cero, los delfines han movido sus primeras fichas y tanteos y la por ahora única alternativa conocida externa, también. Veremos si en esta ocasión el sistema es justo o no, una vez el presidente saliente ha decidido no participar en los comicios de forma objetiva, veremos si es neutral o no lo hace de forma subjetiva.

Y volviendo al inicio de este post, la legitimidad democrática creo que se pone muy en duda cuando un presidente está 30 años y las posibles oposiciones, curiosamente, no son capaces de organizarse y ser una alternativa. Por si acaso, se evitan desde el aparato y punto.

Está claro que cuando esto ocurre, algo falla en el sistema.

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