jueves, 24 de octubre de 2013

Una ventana a la esperanza

Pilar Pasanau (i) con sus amigas, Esther Castaños, Marta Mora, Mara Eroles, Marta Sentís y Cristina Zander en Port Rhu.

La Mini Transat 6.50, regata que debía partir el pasado domingo día 13 de octubre desde la localidad francesa de Douarnenez con destino primero a Puerto Calero (Lanzarote) y seguir en una segunda etapa para cruzar hacia el continente americano con final en Pointe-à-Pitre en la isla de Guadalupe, a fecha de hoy los 84 barcos inscritos siguen aún en tierra firme. La flota se encuentra desde hace más de una semana y media atrapada en el departamento de Charente Maritime, debido a los continuos frentes que están azotando las costas de Finisterre y del Golfo de Vizcaya. Este miércoles pero, la organización dio la noticia esperada, y no es otra que levantaba el código naranja y una ventana meteorológica a la esperanza de partir este viernes a las 6 de la mañana.

Esto está suponiendo un contratiempo y un retraso muy importante para esta clásica regata de solitarios que cruza el Atlántico. Al tratarse de barcos de una eslora tan pequeña y en solitario probablemente muchos de ellos no podrían haber superado las borrascas y vientos de más de 40 nudos que están soplando en aguas del norte del Cantábrico, con lo que podría ser un auténtico drama.

En un primer momento plantearon a la flota la posibilidad de hacer un pit stop en Gijón, opción que aún no está descartada. Esto está provocando un auténtico problema para todos, y más para los proyectos que cuentan con menores recursos y dinero. Mientras tanto la población de Douarnenez se ha volcado con ellos y les ha ofrecido alojamiento en sus casas y muchos comercios y empresas de restauración, degustaciones gratuitas.

Hay cuatro españoles inscritos en la edición de este años, los catalanes Bruno García –que vuelve a esta regata después de diez años-, Joel Miró –que repite tras participar en la anterior- y la debutante Pilar Pasanau –segunda española tras Anna Corbella que intenta acabar la regata-, también está el navarro Carlos Lizancos.

Un presupuesto de un equipo medio como el de García puede rondar los 10.000 euros, con lo que día que pase el barco en tierra, puede provocar más de un problema en este sentido.

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