jueves, 2 de octubre de 2014

Que no caiga en saco roto (Publicado en ABC)*

La Duna de Zaera y el Dique de Gamazo fueron el centro neuralgico de Santander 2014. Fotos: Sailing Energy

El Mundial de Vela Olímpica Santander 2014, deportivamente hablando, es ya historia. Hace poco más de un mes reflexionaba sobre el éxito o el fracaso del evento en sí. Visto lo visto, cada uno de los presentes podrá sacar las conclusiones que se quieran, y siempre teniendo en cuenta desde el cristal con el que se mire. El hecho es que el Mundial salió, y a partir de ahora los deportistas y los políticos tendrán que seguir mirando hacia adelante. Los primeros en su carrera hacia los Juegos Olímpicos de Río 2016, que no va a ser fácil, y los segundos intentar que todo lo invertido, que ha sido mucho, no caiga en el olvido.

Durante diez días la ciudad de Santander vivió de cara al mar, lo cual ya es un éxito. La afluencia de público para ver las regatas y los regatistas fue enorme, con lo que el primer objetivo del alcalde Íñigo de la Serna, se vio cumplido e incluso yo diría que hasta superado con creces. Visitaron el evento las más altas instituciones del Estado, como son El Rey y el presidente del gobierno, con lo que políticamente no se podía pedir más. Esto sin duda reforzó la imagen del Mundial y le dio el valor que se merecía.

Todo esto está muy bien. La segunda parte está en que se ha hecho una inversión suprema que aún hay que pagar, sobre todo con aportaciones del Gobierno de Cantabria y el Ayuntamiento de Santander de más de 2,2 millones de euros cada uno, entre otras cosas para pagar la famosa Duna Escalonada. Verdaderamente pasaron miles de personas, familias enteras, niños; fue sin duda el centro neurálgico del campeonato y esto permitió que también la complicidad entre regatistas y público. Desde Marina Alabau, pasando por Jordi Xammar y Joan Herp y Támara Echegoyen y Berta Betanzos y los hermanos Carlos y Antón Paz, nada más terminar sus Medal Race, no dudaron en festejar sus éxitos encaramados en lo más alto de la Duna para gozo de todos los asistentes.

El campeón olímpico santanderino y director adjunto del Mundial, Alejandro Abascal, me recordaba nada más acabar el Mundial lo que me había dicho en febrero, cuando visité el CEAR con motivo del Congreso Nacional de la Prensa Deportiva, que la grada sería un éxito. Y le reconocí que ciertamente ha sido así, pero ahora queda rentabilizar la obra y que no acabe siendo un botellódromo -como alguien la bautizó-, para seguir siendo este escaparate al mar y que los visitantes puedan contemplar la espectacular bahía de Santander, desde ahora y para siempre.