miércoles, 4 de febrero de 2015

La saga continúa

Willy (izquierda) y Guillermo Altadill coincidieron navegando en el Leopard.

Esta semana habrá dos ‘Guillermos Altadilles’ circunnavegando el planeta. El padre, en la Barcelona World Race en el Neutrogena y el hijo, en la Volvo Ocean Race en el Mapfre.

Guillermo Altadill (Barcelona, 1962) es el regatista español con más vueltas al mundo, diez, de las cuales ha acabado seis. Actualmente sueña con ganar la que es probablemente la que siente más suya, y reconocía el valor que tenía el intentar ganar una regata que sale y llega a tu ciudad.

Willy Altadill (Cabrera de Mar, 1992) es la reencarnación de su padre. Físicamente son iguales y recibió desde muy pequeño lecciones de navegación de su propio padre, que le sacaba a navegar en Palamós con muy pocos años y del que ha heredado el carácter duro y competitivo.

Ambos han sido precoces en vela oceánica. Guillermo debutaba en el año 1989 formando parte de la tripulación del Fortuna Extra Lights con 27 años y Willy se estrenará con 22.

Willy siempre ha tenido como espejo a nivel personal y deportivo a su padre, después de dejar el Optimist, pasó al Laser, pero una vez se fue a estudiar a Inglaterra dejó la vela ligera y entró a formar parte del Leopard, barco con el que cruzó el Atlántico y con el que ganó la Fasnet Race.

Antes de la salida de la Barcelona World Race, padre e hijo sabían de la posibilidad que pudieran estar los dos compitiendo en dos vueltas al mundo a la vez, ya que Willy había recibido una llamada del Mapfre y que ahora se ha confirmado: “Ésta es la regata más importante de vela oceánica y es una gran oportunidad para mí. La he vivido desde pequeño, he estado en muchas paradas cuando estaba mi padre compitiendo en ella y por fin puedo hacerla”.

Su padre se enteró de la noticia desde el Índico: “Ayer me llegó un correo electrónico de mi hijo Willy, me deseaba suerte y al mismo tiempo me decía que viajaba hacia China para incorporarse a la tripulación del Mapfre. Posiblemente sea el cansancio o quizás que me estoy haciendo viejo, pero el caso es que estoy emocionado al ver que ese chaval que hace poco aprendía a navegar en Optimist, que escuchaba historias de regatas oceánicas mientras comíamos, y no paraba de preguntar si había visto ballenas y delfines cada vez que llegaba de una regata, ahora él consigue uno de los sueños de todo navegante, dar la vuelta al mundo…Los padres tenemos la obligación y el placer de ayudar a que nuestros hijos cumplan sus propios sueños, pero si éstos son los mismos que tú tenías a su edad y además lo consiguen, entonces eso es orgullo. ¡Suerte Willy!”.

Pero la ilusión de padre e hijo es poder disputar algún día una Barcelona World Race en el mismo barco. La primera piedra está puesta.

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