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martes, 1 de marzo de 2016

Las deudas se heredan y se devuelven

Rita Barberá mostrando el Veles e Vents, una de las obras faraónicas para la Copa América.

Hace unos días leí unas declaraciones del alcalde Valencia, Joan Ribó, en las que no pedía, sino que exigía al Estado la condonación de la deuda de 370 millones de euros que tiene el Ayuntamiento con el Estado por su participación en el Consorcio que financió la Copa América de 2007. Es cierto que en aquellos momentos el ayuntamiento que presidía Rita Barberá gastó auténticas barbaridades que los valencianos pagaran durante generaciones, pero según tengo entendido, cuando hay una muerte –en este caso política- se heredan los bienes, pero también las deudas.



Que en la época de Barberá y Camps todo eran fuegos artificiales, nunca mejor dicho en época de Fallas, y que se estiró más el brazo que la manga, y que muchos se enriquecieron a costa de dinero público, pues también. Esto no es ningún secreto, pero el resto de españoles no tienen la culpa, primero que el Estado dieran a Valencia más que a nadie, pero tampoco tienen la culpa que ahora los dirigentes valencianos no quieran devolver los 440 millones de euros, más los 20 millones anuales en intereses que se generaron, de los cuales al ICO (Instituto de Crédito Oficial) se le deben 370 millones, sí y la palabra crédito lleva intrínsicamente unida las palabras acreedor, deudor y en consecuencia devolución de la cantidad más intereses. Otra cosa es una subvención, lo que parece que no es el caso.

Porque cuando todo eran bondades y se modernizó la ciudad, que ciertamente le hacía falta, todo el mundo estaba encantado. A Valencia le hacía un lavado de cara y la celebración de la Copa América sirvió para ello, pero esto costaba un dinero que se pidió prestado

El canon que se pagó fue alto, pero tanto o más lo fue el de la Fórmula 1, y luego lo dejaron perder todo. Ribó argumenta el mismo trato que se dio a los Juegos Olímpicos de Barcelona o a las Expos de Sevilla y Zaragoza. Desconozco si a estos se les condenó o no las deudas que pudieran tener con el Estado, y si fue realmente así, también me parece mal.

Cuando algo se quiere, algo cuesta. Si yo me compro una casa de un millón de euros y luego no puedo pagar la hipoteca no le digo al banco que me la condone. Pues esto no es lo mismo, es peor, porque hablamos del dinero de todos, porque si condonara, todo el mundo pediría y pediría y nadie devolvería.