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viernes, 19 de agosto de 2016

El deporte es, a veces, así de cruel

Támara Echegoyen y Berta Betanzos llegando a Marina da Glória.
Era la última bala que quedaba en el cargador. Había cuatro agujeros, tres tenían munición y uno estaba vacío. Había cuatro equipos para tres plazas, tres tocarían la gloria y uno el infierno.

Pero para llegar a esta situación había que haber hecho muy bien los deberes y Támara Echegoyen y Berta Betanzos los había hecho. En la fase de clasificación, es decir para pasar a la Medal Race habían ganado cuatro mangas de las doce que se habían disputado, no lo había hecho nadie más, pero llegaban cuatro países con empate técnico: España, Brasil, Dinamarca y Nueva Zelanda.

Alguien tenía que quedarse fuera, nadie quería, pero esto es deporte. Támara y Berta estaban tranquilas, confiadas en sí mismas, dos horas antes mostraron a la prensa su eterna sonrisa. Esto fue destacado por algunos periodistas, lo bien que les vieron antes de salir. Eran las líderes y las campeonas del mundo, además había hecho una fase previa impecable.

A las 15,20 hora local en Rio de Janeiro se daba el pistoletazo de salida a la Medal Race. Decenas de periodistas españoles estuvieron en Marina da Glória –igual que el día de la Medal Race de Marina Alabau en RS:X-, pero desde el principio se empezó a complicar la cosa, desde la misma salida. En una regata tan corta es difícil recuperar y así fue, pronto se escaparon las rivales por este orden Nueva Zelanda, Brasil y Dinamarca. A punto estuvieron Támara y Berta de dar alcance a las escandinavas, llegaron a estar a 4 segundos en el paso por la tercera boya. Eran probablemente las más asequibles de todas, pero el infortunio hizo que no pudieran darles caza y el orden con el que acabarían las cuatro sería el definitivo. Así acabó: Brasil, Nueva Zelanda y Dinamarca. Oro, Plata y Bronce. España era la que cruelmente se quedaba a las puertas del podio,

La tarde fue dura, muy dura, pero no porque no lo hubieran luchado, sino porque igual ellas eran las que más se lo merecían después de casi cuatro años de intenso y diario trabajo junto con su entrenador Pepe Lis.

Támara y Berta no se cansaron de repetir durante la víspera que cualquiera que se llevara las medallas, habría sido fruto de un buen trabajo. Probablemente las cuatro las merecían, pero un tenía que quedarse fuera. Por mala suerte fueron las españolas. Un detalle, al llegar a la playa de Flamengo, todas sus competidoras fueron a abrazar y a consolar a Támara y Berta, eso quiere decir algo, que se hacen querer y saben que a lo mejor un trozo de su medalla, también era de ellas.

Tuve la oportunidad de vivir y de sufrir junto a ellas estos momentos finales, y reconozco que es duro, pero reconfortante como Berta y Támara lo han llevado.

Lo que sí puedo confirmar, es que son muy grandes.

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