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viernes, 26 de agosto de 2016

Es momento de reflexionar*

El Equipo Olímpico Español de Vela de Río 2016. Foto: Sailing Energy/World Sailing
La sensación que le queda a uno después de no haber conseguido ninguna medalla en los Juegos Olímpicos de Río 2016 es exactamente la misma que la vivida en los de Sydney 2000. Había puestas muchas expectativas y miradas en la Vela pero en ambas ocasiones se vuelve de vacío. Podría parecer que es un fracaso, pero no lo es. Hubo dos opciones de medalla hasta el final y quedar cuartas o terceras la diferencia es prácticamente insignificante en el agua, pero a la vez muy distinta de cara a la galería.


Marina Alabau en RS:X Femenino y Támara Echegoyen y Berta Betanzos en FX llegaron a tocar durante buena parte del campeonato y en la Medal Race las medallas. Una simple maniobra, una virada, una trasluchada, un role, pueden acabar marcando el devenir ya no solo de la prueba, sino del futuro de las propias tripulaciones y del equipo en global.

De Río se podía haber vuelto a España perfectamente con dos medallas. Si hubiera sido así, ahora mismo estaríamos hablando de un gran éxito, pero en veinte minutos –tiempo que dura la Medal Race- se decidió probablemente lo que serán los próximos cuatro años. Es lo que tiene vivir permanentemente del resultadismo del que vive este país, de si no hay medallas no hay ayudas, o estas bajan.

Después de Sydney las ayudas a la Vela no disminuyeron. Las instituciones entendieron que era un deporte referente y posteriormente se consiguieron los siguientes doce años siete medallas más. Ahora puede pasar lo mismo, pero con una diferencia muy grande, que en esta ocasión sí hay recambio generacional. Por detrás llegan tripulaciones jóvenes que apenas superan los veinte años y que pueden llegar a Tokio 2020 ya no solo con la lección aprendida que unos Juegos no son una regata normal, sino con una experiencia adquirida y que pueden dar muchas alegrías en la próxima década.

Ya sé que todo esto es elucubrar y que lo hay que hacer es pasar balance de lo que ha ocurrido. Aunque el equipo haya estado estos últimos meses muy concentrado en lo suyo, no deja que la inestabilidad institucional vivida en este ciclo de cuatro años también haya acabado pasando indirectamente factura. Esto es lo que no puede ser.

Pocos podían pensar que de Río se volvería de vacío, con cero medallas y dos diplomas, pero se alinearon todos los astros para que el final de esta película no fuera el esperado.

Es el momento de reflexionar, de pasar balance en serio de donde se ha acertado, pero sobre todo en donde se ha fallado; para que de cara a Tokio, se empiece a trabajar ya, independientemente de quién sea el presidente. La maquinaria deportiva no debe pararse bajo ningún concepto, de ello depende el futuro de este deporte. Si no es así, volveremos a hundirnos en el mismo fondo de saco en el que se cayó hace apenas un año, donde el equipo estaba sin rumbo debido al descontrol institucional.

En septiembre se tiene que estar trabajando para el 2020, si no es así, volveremos a ir tarde.


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