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jueves, 20 de octubre de 2016

Menos exención y más inversión

El 'refit' de los Volvo Ocean 65 se hará en Portugal.

En España nos hemos mal acostumbrado a que si una competición no tiene exención fiscal deja de tener interés para algunas organizaciones y sobre todo para algunos patrocinadores. Los beneficios fiscales que aplica el Ministerio de Hacienda son buenas, pero también habría que pedir a los beneficiaron algo a cambio. Me refiero sobre todo a la Volvo Ocean Race, regata privada subvencionada con dinero público y que cuenta con una generosa exención fiscal por parte del Estado Español. Lo que ocurre es que la empresa de capital sueco solo recibe y poco da a cambio.


Esta será la cuarta edición consecutiva que sale desde España, la primera fue desde Galicia y las tres siguientes desde Alicante, la próxima en 2017. Los organizadores de esta vuelta al mundo reciben mucho de la Comunitat Valenciana y del Gobierno de España pero a cambio dan poco, cuando tienen algo que dar prefieren optar por dárselo a empresas extranjeras que a Españolas. Y me explico.

Dos detalles muy concretos. Cuando se decidió que los barcos serían monotipos ya en la anterior edición, buscaron un consorcio de cuatro astilleros para construir los Volvo Ocean 65 diseñados por Farr Yachts Desing. Los astilleros oficiales están en Reino Unido (Green Marine), Francia (Multiplast), Suiza (Decision) e Italia (Persico). ¿Es que en España no hay astilleros y profesionales válidos? Todo el mundo sabe que en España y en concreto en la Comunitat Valenciana hay astilleros de primer nivel que han construido los mejores barcos de regatas, pongo dos ejemplos: Longitud 0 en Burriana y King Marine en Alginet, dos empresas que pagan sus impuestos religiosamente en España, pero que la Volvo Ocean Race ni se ha planteado darles la posibilidad de la construcción de sus barcos.

Los señores de la VOR tendrían que saber que a lo mejor tendrían que dar algo al país que tanto les da. Aunque también es cierto que a la hora de dar la exención fiscal, quien les dan este privilegios –los políticos- tendrían que exigirles que en lugar de solo dar, también el país además de ser el puerto de salida, el recibir.

Pero el colmo de los colmos ha sido en esta edición, en la que las modificaciones y ‘refit’ que pasarán los barcos antiguos no se hará en ningún astillero español, sino que se llevará a cabo en Lisboa (Portugal). Otro desprecio más a la industria náutica española, con lo que a lo mejor la exención fiscal se tendría que haber dado a otras regatas que sí piensan más en la industria y la economía nacional que a esta que todo lo que puede lo saca fuera.

Que nadie se engañe una exención fiscal por ser un evento de interés general, es más que cualquier subvención, ya que aquí se beneficia la organización y todos los equipos participantes y sus patrocinadores. Poca broma.

Los políticos españoles podrían haber estado un poco más hábiles, y no solo conformarse en pagar por tener la salida.

Es aquello de: 'Tu paga, que me llevo tu dinero fuera'.

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